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¿Sexo en la primer cita?

6 mayo, 2011

Siempre escuché decir a mis amigas “no le des la pasada al toque”. Claro en esos tiempo, una se enamoraba perdidamente del príncipe azul que le gustaba y  esperaba sentir amor para luego pasar al sexo.

Hoy ya estamos grandes, las cosas son diferentes, las canchas están más recorridas y la verdad a veces uno quiere solamente tener sexo por deporte. Pero eh…eh… a veces las cosas se nos complican y mezclan.

El pimer problema entra en nuestra percepción social. Mientras un hombre se tira más minas es catalogado de “maestro”, mientras que las mujeres somos inmediatamente tachadas de “fácil”.  El problema no tiene que ver básicamente con que el mino que te tires lo piense, tiene que ver con que lo viralize. (ya sabes como les gusta a los hombres ostentar frente  a sus amigos sus últimas hazañas)

Creo que no existen recetas para decir que es lo correcto o que no. ¿Esperar que pase más adelante? ¿aguantarse las ganas? ¿esperar a tener una relación?  ¿simplemente hacerlo?… mmmmm todo depende de lo que TU busques.  Para que después no andemos como magdalenas arrepentidas de habernos acostado con alguien que no era el adecuado.

Porque las cosas que suelen pasar son:

Si te he visto, no me acuerdo.

Ojala que tu tampoco te acuerdes más allá de la grata experiencia, porque si te quedó gustando, pero para él sólo fuiste una aventura y no te pescará, entonces pensarás que es un “maldito” que sólo quería tener sexo contigo y después chao.

Estaba tan cura, que me lo tiré.

Esta es una de las sensaciones más pencas post sexo, porque te arrepientes de lo descontrolada que estabas, a todas nos a pasado que con un vinito o unos cuantos, nos ponemos más cariñosas y calientes. Claro al otro día piensas “ qué hice” y te cuestionas qué pensará él de ti. Esta situación es terrible cuando el mino con el que lo hiciste, te gustaba de verdad. Quítese la culpa y siga viviendo.

Las primeras impresiones quedan.

No sé de que forma está diseñado nuestro cerebro pero siempre las primeras impresiones no se van, si el chiquillo al cual se tiró pensó que usted era “fácil” por darle la pasada, no tiene nada que hacer para hacerle creer lo contrario. Retírese digna, siempre vendrán nuevos.

Le gustas y te vuelve a buscar.

Puede que  él quede tan entusiasmado como tú ¿y qué tiene de malo tener sexo de vez en cuando? Acá tu escoges optar por este juego. Lo más probable es que si te vuelve a buscar en plan sexo, es porque se quiera divertir contigo (quien sabe si eres una diosa en la cama).  Y si vuelve a salir contigo en plan de cita (sin sexo) es porque tal vez si esté interesado.

Uno nunca sabe, tengo muchos amigos que llevan pololeando mucho tiempo y tuvieron sexo muy al comienzo de su relación.

Pd: Es importante decir que este punto es el que menos se da, no se ilusione.

Yo creo que el mejor consejo para que no salga mal parada en estas situaciones y logre disfrutar una rica noche de sexo, es que piense qué esperas del momento que estás viviendo y brevemente en ese momento de calentura analices ¿me lo quiero tirar para pasarlo bien? ¿ o será mejor esperar a conocerlo más? ¿ me gusta enserio o es sólo una calentura? .

Y si se equivocó en su decisión : siga con su vida, no esperes que te llame, que te invite a salir, ni nada. Quédate con el recuerdo del buen sexo.

Siempre llegarán picos nuevos.

Saludos Fram.

 

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5 comentarios dejar un →
  1. 6 mayo, 2011 14:24

    seee salud por los que vendrannn!!
    jejeje

  2. 6 mayo, 2011 16:40

    Según mi experiencia, he tenido buenas y malas, la mejor opción es: si queri tener sexo, sólo por placer, sin pensar en si es o no el “príncipe azul”, dale no mah, siempre con protección, claro. Porque es verdad que la última alternativa casi nunca se da y si se llegase a dar, la verdad, no funciona para nada luego mantener una relación. En definitiva, creo que no siempre hay que mostrarle tal cual eres, ni en el primer encuentro, ni en el segundo, quizás en el 3ero. Si vas a la “guerra” y lo sabes, haz lo que quieras total, ni él, ni tu se volverán a llamar.

    Kiss!

  3. 6 mayo, 2011 21:22

    tda la razón en el fondo si uno quiere solo tener sexo por disfrutar hay que pensar un poco como los hombre osea no pensar jajaj y dejarse de pasarse los mil y un rollos, es difícil cambiar el switch pero de vez en cuando hace muy bien pero hay dejar las cosas claras en un principio, porque te puede salir uno que piense como mina y se enrolle el

  4. 11 mayo, 2011 18:16

    chiquillas su blog es super bueno pero pucha que se demoran en actualizar la pagina! seria bacan si la actualaran mas seguido hay ene temas del corazonns

  5. 6 septiembre, 2011 10:25

    Pues bueno, claro, ya sabemos que las mujeres modernas y liberadas hacen con su sexualidad lo que les place. Y si nosotros intentamos acostarnos con cuanto bicho viviente del género opuesto se deje, ellas no se van a quedar atrás, porque quedarían como unas reprimidas de agárrate y no te menees, y además son libres para darle una alegría al cuerpo, faltaría más.

    Pero la cosa no va así. Hay múltiples razones biológicas, avaladas por antropólogos tan poco sospechosos de machistas como Helen Fisher o David Buss, que han llevado a hombres y mujeres a desarrollar estrategias reproductivas diferentes. Y es que la naturaleza tiene sus cosas, y se empeñó en que un hombre pudiera, potencialmente, engendrar a centenares de criaturas en el mismo período de tiempo en que la mujer podía concebir, gestar, alumbrar y sacar adelante a una sola.

    Pero esa misma mujer logró apañárselas para que, en muchos casos –en la inmensa mayoría de rincones del mundo- el macho que la preñaba no se fuera de picos pardos a hacerles hijos a otras mujeres, sino que se quedara a su lado para echarle un cable en los momentos críticos del proceso reproductivo, cuando ella se encontraba en una situación más vulnerable.

    Sí, la misma Fischer habla de una variante de la estrategia femenina que consiste en copular con distintos machos y no comprometerse con ninguno, para sacarle a cada cual lo que este pudiera proporcionarle y disponer así también de recursos con que mantener a su prole. Pero la propia antropóloga no se engaña al señalar que este doble modelo –la monógama y la promiscua- se corresponde con el pensamiento actual de que las mujeres o son unas santas o son unas furcias.

    La cultura, pues, le ha seguido los pasos a la biología y es por eso por lo que está mal vista la mujer que se acuesta con quien le da la realísima gana y, en cambio, al hombre que hace lo mismo se le dan palmaditas en la espalda. ¿Machismo? Si lo es, qué le vamos a hacer. Será que la biología es machista.

    Y ahí es donde viene lo bueno. Hay estudios estadísticos muy serios que demuestran que las mujeres disfrutan infinitamente menos, y en infinita proporción menor, de los encuentros sexuales ocasionales. Nosotros no tenemos demasiados problemas para llegar al orgasmo. Nos basta una fémina que no sea un adefesio, ni deforme, y que esté en edad fértil. Cualquier cosa normalita nos sirve.

    Y a vosotras? ¿Cuántos orgasmos conseguís en esos “aquí te pillo aquí te mano” que os ofrecen los buenorros –o no- de turno? ¿Que alguna me dice que disfruta que no veas? Perfecto, corresponde al segundo grupo evolutivo definido por Helen Fischer, ningún problema por mi parte. En cualquier caso, mi propia experiencia –y voy para cincuentón- me dice que esa variante está en minoría. Las que corresponden al primero, las de la monogamia, son mayoría, y forzarlas a cambiarse al bando de las poco selectivas es hacerles traicionar su propio instinto biológico. Por eso las aventurillas las dejan insatisfechas desde el punto de vista orgasmático, y con sensación de haber sido utilizadas

    Hace 15 años que soy monógamo, y no he sido de kikis apresurados en los baños del tugurio ni en el coche. He sido de novias, de relaciones de compromiso o, como mínimo, de afecto. Las he ido encadenando y han ido desde los muchos años a los pocos meses, pero no han estado siempre basadas en unos lazos afectivos más o menos estrechos.

    Lo he dado todo para asegurarme de que mis parejas disfrutaran en cada cópula, buscando antes que nada su placer. Porque el mío estaba garantizado. Así que siempre he esperado a que ellas llegaran antes de hacerlo yo, porque una vez obtenido yo lo mío había que esperar un poco antes de volver a empezar (y ese poco se ha convertido en un rato más o menos largo con los años).

    Sí, también he estado con alguna del modelo “B”. Empezamos con que cada uno iba a lo que iba, es decir, directos al sexo, pero la verdad es que, para una vez que me lancé al lío sin vínculo afectivo de por medio, terminamos pillados el uno de la otra y viceversa. Tenía la chica más tablas de lo que podáis sospechar. Pero eso sí, siempre había sido selectiva. Muy selectiva.

    Lo triste es lo de alguna novia que he tenido, que al contarme sus experiencias me decía que se había acostado con algún desconocido que ni siquiera la atraía, porque no se atrevió a negarse, le parecía que quedaría mal si decía que no. Además, si iba de pesca con sus amigas y ellas pescaban –lo que es muy fácil para una chica-, pues bueno, ¿qué iba a hacer ella, irse para casa? No, claro, lo suyo era espatarrarse también ante cualquier maromo, no fuera que la peña fuera diciendo que no era una tía enrollada, moderna ni liberada. Incluso hizo alguna felación a algún otro que no le gustaba para que el tipo “se corriera enseguida” y la dejara “en paz”. Y eso es muy triste. Si yo le cuestionaba estas actitudes, me tildaba, tal cual, de retrógrado.

    Porque sólo los retrógrados, parece, nos oponemos al modelo de mujer kleenex, de usar y tirar. Aunque ese modelo vaya en contra de la propia mujer. Esa misma novieta de la que os hablo, contenta de haber conocido lo que era una orgasmo, me contó que, tras unos cuantos intentos fallidos de cópula informal con sujetos de distinto pelaje, acudió a su ginecólogo. “No pueden penetrarme, me duele mucho”, le dijo.

    Era vaginismo, claro, porque el muchachote que la desfloró no tuvo el más mínimo miramiento –deduzco que era tan inexperto como ella, aunque ella no quiere admitir este detalle-. Fue a lo bestia, sin ningún preámbulo, y aquello dolió a la jovenzuela lo que no está escrito. Lo que le dejó una especie de trauma que la bloqueaba ante la perspectiva de una nueva penetración, visto lo que había sucedido en la primera. Pero el ginecólogo no anduvo muy fino. Le recetó unos óvulos vaginales para aumentar la lubricación, y santas pascuas.

    Que no, chicas, que no. No os dejéis embaucar. Nosotros trataremos de convenceros para que os dejéis meter mano, nos la chupéis, os dejéis bajar las bragas y os abráis de pernas. Os diremos que sois unas reprimidas si no lo hacéis. Pero lo que estaremos buscando, en realidad, ya lo sabéis.

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